Intervención

El término de intervención ha venido a substituir en la Clínica del Lenguaje al más clásico de tratamiento, un concepto más restrictivo del concepto de intervención en los trastornos cognitivos y del lenguaje, que a menudo se estudian bajo un método de caso y se abordan terapeuticamente desde un modelo de enfermedad. Las alteraciones funcionales que se expresan en los trastornos cognitivos y del lenguaje no pueden analizarse bajo un modelo de enfermedad ya que no siempre resultan de un proceso típicamente patológico, ni abordarse desde un método de caso, porque existen modelos teóricos, explicativos y predictivos de aplicación general, y existen criterios metodológicos para poder trascender las descripciones de casos individuales de apariencia singular.

El término de intervención se refiere a la aplicación de un programa de actuación profesional que tiene por objeto un cambio de conducta en un sujeto, un sujeto que presenta un tipo de conducta disfuncional, a saber aquel tipo de conducta que no se resuelve en la ejecución de acciones eficaces –que logran el objetivo propuesto- y eficientes –que logrando el objetivo propuesto lo hacen al menor coste- como corresponde a un agente racional de acuerdo con sus condiciones específicas y la información de que puede disponer. En la Clínica del Lenguaje ese tipo de conducta disfuncional se expresa en las alteraciones o trastornos de la cognición, y en las alteraciones o trastornos de la comunicación y el lenguaje.

En los trastornos cognitivos se incluyen aquellas alteraciones de cualquier etiología que afectan a la actuación de un actor racional, aquel que maximiza una medida de ejecución realizando aquellas acciones eventualmente óptimas. En un sentido general, el sujeto puede ser inhábil para obtener de sus acciones las utilidades deseadas; tal inhabilidad sería una herencia de ciertas discapacidades originarias. En este sentido, los Trastornos Cognitivos resultan de alteraciones funcionales en aquel tipo de mecanismos neurobiológicos que habilitan al sujeto para obtener y elaborar información. En un sentido más específico, aquella inhabilidad resultaría de la interacción de ciertas características específicas del sistema y de su particular interacción con el medio, es decir, aquella inhabilidad resultaría de procesos de aprendizaje con efectos o consecuencias disfuncionales. En este sentido más específico, el criterio para identificar una disfunción cognitiva es que, siendo posible una actuación racional, el sujeto presente un tipo de conducta irracional y/o un tipo de creencias contrafácticas, por cuyas acciones se obtienen recompensas o beneficios de menor utilidad racional. El sujeto realiza un tipo de acciones de consecuencias subóptimas. La conducta adictiva de efectos sociales positivos y negativos, o los trastornos de la conducta alimentaria son, típicamente, tipos de conductas subóptimas o de menor utilidad racional: la recompensa inmediata reduce o elimina por completo la posibilidad misma de una recompensa diferida de mayor magnitud y estabilidad: los trastornos de la conducta alimentaria, o la conducta adictiva en el alcoholismo, la drogadicción, el tabaquismo, la ludopatía, etc. en el lado negativo de la balanza, y, en el lado positivo, otras formas de adicción, como el trabajo compulsivo, u otras formas de manía específicas reducen o eliminan por completo recompensas diferidas de mayor magnitud y estabilidad.

El término intervención incluye, en el contexto de los programas que se ofertan, un conjunto de materias que tienen por objetivo habilitar al profesional para intervenir en las patologías del lenguaje, el habla y la comunicación, y modificar la conducta específicamente en estas áreas en distintos ámbitos de actuación, en aquello que afectan al desarrollo cognitivo, al lenguaje y a la comunicación.