Trastornos Cognitivos


Aunque, a menudo, se define de forma imprecisa, el término Trastornos Cognitivos se refiere a aquellos trastornos mentales en que confluyen disfunciones neurobiológicas y funcionales de mecanismos cognitivos básicos, en particular, del procesamiento perceptivo, de los procesos de categorización o de conceptualización de entidades, eventos o propósitos, del procesamiento de memoria, de los procesos de inferencia, de solución de problemas y de toma de decisiones, y de los procesos de representación y comunicación como se expresan en la habilidad específicamente humana del lenguaje.

 Los Trastornos Cognitivos resultan de alteraciones funcionales de los procesos que sirven a la conducta. En su expresión más específica, en el ámbito de la Psicología Clínica, estas alteraciones funcionales derivan de la experiencia, de cómo la experiencia afecta al desarrollo de creencias irracionales o la búsqueda de objetivos irracionales o inalcanzables en la perspectiva del sujeto que condicionan la forma en que se percibe el mundo y afectan a aquellas habilidades cognitivas implicadas en la acción. Así, los Trastornos Cognitivos se expresan en ciertas conductas desadaptativas o disfuncionales en relación con los objetivos de un sujeto, y que, en última instancia, afectan a su bienestar. En su expresión más general, en el ámbito de la Neurociencia Cognitiva, el término de Trastornos Cognitivos se refiere a alteraciones funcionales de los procesos que subyacen a la ejecución conductual, y que derivan de la interacción entre subsistemas neurobiológicos que soportan el aprendizaje y la experiencia que hace este aprendizaje posible. La clave de este concepto son, pues, los procesos de aprendizaje, los mecanismos neurofuncionales subyacentes al aprendizaje, y la experiencia que permite la conformación de estos mecanismos que se expresan en la formación de redes neuronales con efecto funcional en la conducta. Integrando ambas expresiones, general y específica, el término de Trastornos Cognitivos trasciende una noción reduccionista como la que se expresa en el concepto de Psicopatología de la tradición psiquiátrica que tiende a interpretar la conducta bajo los términos de salud y enfermedad, y una noción reduccionista como la que se expresa en el concepto de Psicología Anormal, que tiende a interpretar cierto tipo de conductas como precursores o desencadenantes de una alteración mental.

El problema para este concepto reduccionista de la Psicopatología al interpretar la conducta bajo el modelo de enfermedad es interpretar correctamente la diferencia esencial en la noción de “enfermedad” entre enfermedades pasivas, aquellas que afectan a las funciones biológicas, y en el mismo sentido neurobiológicas y cuyas causas remotas y próximas no pueden atribuirse a la conducta del sujeto, y enfermedades activas, aquellas que afectando a funciones biológicas y neurobiológicas tienen causas remotas y/o próximas que pueden remontarse a la conducta del sujeto. La dificil imbricación de unas y otras causas hace a menudo muy dificil discriminar entre aquellas conductas del sujeto que resultan funcionalmente lesivas para los sistemas neurobiológicos que permiten la acción del sujeto, y aquellos agentes causales que tienen efectos lesivos para tales sistemas sin que el sujeto pueda, de hecho, hacer nada para evitar sus efectos. Intuitivamente, parece obvio que en la encefalitis herpética, la conducta no tiene el mismo grado de responsabilidad que la que tiene en la drogadicción, la bulimia y la anorexia, o en el suicidio. La Psicopatología, en estos términos, ignora la importancia de un modelo explicativo de los Trastornos Cognitivos que trascienda la noción de enfermedad.

El problema para este concepto reduccionista de Psicología Anormal en su intento de comprender y controlar la conducta es definir el concepto de conducta anormal, de si la noción de conducta anormal es un concepto cultural, un concepto ético o moral, o de mera distribución estadística. En estos términos, la Psicología Anormal ignora el proceso de causación de la conducta, y los mecanismos neurobiológicos que la hacen posible, y en este sentido, renuncia a una explicación comprensiva de la conducta humana que no acepta una segregación artificial entre conducta normal y anormal. Las nociones reduccionistas de la Psicopatología y de la Psicología Anormal, a veces tratadas como términos sinónimos, cabalgan sobre un dualismo mente-cuerpo que ignora que la mente es lo que el cerebro hace, a través de los sensores y actuadores que sirven a la acción, en su interacción con el entorno. De ahí, la compleja diversidad y ausencia de sistematicidad en la clasificación de los trastornos mentales.

 

En una clasificación general de los Trastornos Cognitivos, pueden reconocerse, a) alteraciones funcionales específicas de base cognitiva que afectan a funciones cognitivas básicas, típicamente alteraciones del procesamiento perceptivo, de los procesos de categorización o de conceptualización de entidades, eventos o propósitos, del procesamiento de memoria, de los procesos de inferencia, de los procesos de solución de problemas y de toma de decisiones, alteraciones del comportamiento motor y de los procesos de representación y comunicación como se expresan en el lenguaje y la comunicación, tales como la amnesia, la enfermedad de Huntington, los trastornos específicos del lenguaje, las afasias, las apraxias, etc.; b) alteraciones funcionales de base cognitiva inespecífica que afectan a la integración general de procesos cognitivos básicos, tales como los síndromes de espectro autista, la esquizofrenia, los trastornos psicóticos, los trastornos esquizoafectivos, la depresión, los trastornos bipolares, etc.; b) trastornos de aprendizaje que afectan a aquel tipo de habilidades del sujeto que permiten ciertas adquisiciones y que hacen posible la adaptación sobre la base de su experiencia, tales como la discalculia, la dislexia, etc.; c) trastornos somatomórficos relacionados con la percepción sensorial interoceptiva y propioceptiva, que afectan a la percepción del propio cuerpo, a la percepción del dolor, a la somatización de alteraciones funcionales de diverso origen, y que se expresan en el síndrome de fatiga crónica, en el amplio espectro de los trastornos de la conducta alimentaria, en los trastornos de la percepción somatomórfica, etc.; d) trastornos conductuales de la interacción social que incluye trastornos que se expresan en el control activo o pasivo de la conducta ajena, tales como las conductas antisociales o la simulación de trastornos ficticios; y, e) trastornos de la personalidad, un amplio espectro de conductas que afectan a la expresión social del sujeto, alterando o modificando de forma substancial su libertad de actuación y su habilidad para lograr sus propósitos, tales como los asociados a la conducta de género, el mutismo electivo, los trastornos de conducta, etc.

 

La cognición es un proceso complejo y compuesto que expresa la habilidad del cerebro para procesar y registrar información, para elaborar información y actuar en base a la experiencia, lo que se identifica en la habilidad del sistema para aprender de modo que la acción que resulte sea la propia de un agente racional sin más limitación que la que se deriva de las restricciones impuestas por el mismo sistema y la información disponible. Las alteraciones que se expresan en los Trastornos Cognitivos reflejan conductas adaptativas impuestas por la compleja articulación entre un sistema biológico y un sistema social. Estas conductas adaptativas no son necesariamente invalidantes. El complejo conjunto de interacciones causales que se expresan en la conducta no permiten la adopción de una perspectiva maniqueista. En la identificación causal de los Trastornos Cognitivos confluyen causas genéticas (p. ej. la enfermedad de Huntington), y ambientales (p. ej. la simulación de trastornos ficticios o la conducta desafiante) en una interacción compleja, a menudo, inextricablemente imbricados (p. ej. la taquifemia o la dislexia), que se expresan en conductas de efectos lesivos para el sujeto afectado pero por cuyos efectos el sujeto afectado puede tambien eventualmente obtener beneficios. La intervención no siempre es posible, no siempre es practicable, no siempre es rentable, no siempre resulta beneficiosa para el paciente, y no es siempre exitosa porque se haya inspirado en una teoría correcta del trastorno. El objeto de la ciencia es la explicación y predicción de los fenómenos que se observan y/o pueden experimentarse en condiciones apropiadas. La traslación del conocimiento científico a la práctica profesional ordinaria no es posible sino se cuentan con los instrumentos apropiados para la acción.

 

Bajo el epígrafe Trastornos Cognitivos se agrupan en los Programas de Experto en Clínica Logopédica y Magister en los Trastornos del Lenguaje materias específicas que son centrales en la Clínica del Lenguaje, en particular, los Trastornos Cognitivo-Funcionales, Anomias, Disnomias y Discalculias, los Trastornos Cognitivos del Desarrollo, en particular los síndromes de Espectro Autista, y los Trastornos Cognitivos asociados con el Deficit Atencional. Aquellas materias que pudiendo clasificarse como Trastornos Cognitivos se refieren a trastornos relacionados con el lenguaje y la comunicación se integran bajo el epígrafe de Trastornos del Lenguaje.

 

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